jueves, 3 de agosto de 2017

VER DESDE AFUERA

Luna Azul Ediciones

Creo que escribir es como afrontar los problemas cotidianos. Uno está imbuido en la tormenta y apenas puede evaluar un pedacito del mapa. Los videojuegos de estrategia, esos que se pusieron de moda hace unos 15 años –Age of Empire, Commando, Age of Mythology–, tenían como característica innegociable una vista desde arriba de los escenarios: el estratega, el jugador, podía ver kilómetros de tierra y cientos de personas para así armar los planes más certeros.




Lamentablemente, tanto al escribir como al vivir, el jugador solo tiene una visión en primera persona de los hechos: una visión limitada. Ahí entran en juego los psicólogos y los editores. Y es ahí cuando pienso en que ambos oficios se parecen. Alguien va a consulta para que una figura profesional, con muchos estudios y un probado entrenamiento, le ofrezca una visión externa de su vida o sus problemas. Del mismo modo, un escritor se encomienda a las capacidades de un editor para que este opine, evalúe y pondere el texto. ¿Cuántos oficios demandan una confianza tan grande como para dejar entrar al otro en la intimidad? Quizá por eso psicólogos y editores son vistos con suspicacia. Y es que, además, ambos pueden caer en la soberbia de sentirse Dios: creer que su palabra es ley y que la única verdad que vale es la de ellos. Tratar con personajes así es un riesgo que siempre se corre. Pero un riesgo justificado, si me lo preguntan. Aunque tuvieras la mira afinada, en los videojuegos en primera persona siempre era viable fracasar porque chocaste contra una minúscula e importante piedra que no viste por andar atendiendo otras urgencias. En los videojuegos con vista desde arriba, la pregunta era cómo esquivar todas las piedras importantes que se atravesaban entre tus conflictos urgentes. Yo escribo (casi) todos los días. Y desde hace meses me resulta desafiante seleccionar algunas de las múltiples historias con las que me topo en un país tan convulso y no enredarme en ellas. Eso me pasa mientras trabajo. Pero mientras vivo, me hago una pregunta: ¿cuántos de nosotros podríamos estar tropezando con una minúscula –e importante– piedra que no vemos por andar resolviendo las múltiples urgencias de la situación país?

Luna Azul Ediciones