jueves, 24 de agosto de 2017

ROMPER LAS REGLAS

Luna Azul Ediciones

Cada vez que leo las descripciones sobre las preferencias de los lectores de Internet, los estudios sobre lo que la gente quiere y su forma de actuar, me siento como el alumno desadaptado que no encaja en el molde. Yo no sé de dónde salen los datos que usan los gurús de la red y del SEO, pero no siempre se corresponden con mi experiencia. ¿Será que para algunos “profesionales” las personas ya no son personas sino views o datos en Google Analytics? Lo sé, no me engaño: aunque muchos nos sintamos especiales, la sociedad deja patrones más o menos estables. Que si el 45% de los hombres para el mouse en equis sitio, que si el 65% de las mujeres caraqueñas conectadas desde un smartphone comparten más ene tipo de contenido, que si el 50% de los adolescentes varones de clase alta de Latinoamérica pasa mucho tiempo en tal tipo de videos. Patrones, datos, análisis de comportamiento. Views, solo views y poca transcendencia.


Como si comer no pudiera ser algo más que un acto mecánico. Como si degustar, compartir, saborear y compenetrarse con la comida, no fuera una experiencia más valiosa que comer porque sí.

En la web, cada vez hay menos chef de calidad y más gurús del fast food.

Lo que muchas veces no se dice es que crear páginas que se acoplen a esos aburridísimos bloques de datos –costosísimos de obtener– demanda mucho dinero y tiempo. Mucha inversión y capacidad de adaptabilidad. Y que, por más que se logren los números deseados, el impacto en las personas suele ser el de una pegajosa canción de reguetón: millones de reproducciones hoy, el más absoluto olvido mañana.

Pero a mí, más que hablar de patrones, de views, me gusta pensar que cuando escribo –cuando publico– hay personas del otro lado de la red, personas que me leen y que tienen opiniones diversas, pasiones, angustias, apatías, intereses. Personas que no caben en pesados bloques de datos y que merecen de mi parte, de parte de cualquier creador, la más absoluta honestidad. Que se les entregue información genuina y no maquillada hasta deformarla.

Y cuando pienso en eso y me veo a mí como lector, me doy cuenta de que todo lo que consumo en la red, o al menos la mayoría de las cosas, representa la antítesis a los supuestos patrones. Y que, de hecho, la mayoría de las notas redactadas con enfermizo apego a recomendaciones de estrategias de posicionamiento digital me aburren hasta el infinito.

Ecos del balón es uno de los proyectos digitales de habla hispana más exitosos en el ámbito del deporte. Cuatro chamos, españoles, obsesivos del fútbol, se propusieron crear el magazine que a ellos les gustaría leer. Pensaron en ellos como lectores y no en bloques de datos. Varios años después del nacimiento del proyecto –ahora que meten decenas de comentarios por nota, tienen miles de reproducciones en YouTube, miles de descargas de sus podcasts y lo más importante: una comunidad de seguidores tan fieles que parecen hinchas de un club–, cuando les preguntan por sus lineamientos de trabajo responden que hay uno muy importante: no acatan ninguno de los tips de los gurús para publicar en Internet. Ninguno.

La comida de verdad, la que se disfruta y permanece en la memoria, no se cocina con recetas estándar.

Luna Azul Ediciones