jueves, 18 de mayo de 2017

NO FUERON HÉROES


Luna Azul Ediciones
Para justificar exabruptos, el chavismo construyó una retórica de la revolución. “Patria, socialismo o muerte”. La consigna cambió cuando la guadaña se acercó a Hugo Chávez. De haberse tratado de una comedia de terror, habría aparecido La Pelona interpelando al presidente: “¿Te cagaste?”, hubiese preguntado. “Patria, socialismo y vida”. Eso empezó a decir Chávez cuando el cáncer le recordó que era humano. Ya era tarde: el hechizo de las palabras estaba completo.


Para hacer frente a la dictadura, me parece, habría que evitar el mismo juego. Qué odioso me resulta eso de decir que quienes nos oponemos a los tiranos estamos “del lado correcto de la historia”. La historia no se pondera entre un choque de “buenos” vs “malos”. Déjenle esas simplificaciones de la vida al cine artificial de Marvel. Que no se olvide que los próceres asesinaron, traicionaron, violaron y maltrataron. Que se tenga presente que de esas estafas de los europeos a los indígenas provenimos nosotros. Esos que les dieron latigazos a los africanos merecen toda nuestra reprobación retrospectiva. Pero esos también son los ancestros de los exponentes del boom latinoamericano de literatura, de los que ganaron los nueve mundiales de fútbol que reposan en Sudamérica y de quienes tocaron ese rock profundo que empezó a sonar bien en español. La vida es demasiado compleja como para reducirla a una película de superhéroes.

Por eso me choca eso de enaltecer la muerte. Sobre todo de quien más que por vocación perece por ser un peón de guerra. Como si hubiese gloria en entregarle la vida a los esbirros de la dictadura. En el todo o nada que vive Venezuela, me gusta tener presente que habrá vida luego de que los psicópatas que están en el poder caigan. Habrá un país que reconstruir, historias personales que continuar, carreras y oficios que seguir ejerciendo. Es imposible entender cómo afectarán estas cicatrices, cuántos buenos poetas harán arte de este caos y cuántos talentosos deportistas habrán visto truncadas sus carreras por la pausa que significa este capítulo. El mundo seguirá girando: la gente se enamorará, se engañará, soñará, despertará, fracasará y más de uno sabrá ser feliz. Como en toda la historia de la humanidad. Pero ya no estarán los asesinados por el régimen. Y para los papás, mamás, hermanos y amigos sumidos en llanto, no significará un consuelo que les digan que fulanito “dio la vida por el país”. En el corazón de ellos la reinstauración de la democracia, la pausa a la miseria, tendrá un sabor amargo. El de saber que sus hijos, hermanos y amigos, no fueron héroes de guerra: fueron víctimas.
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