jueves, 13 de abril de 2017

PAUSA AL ESTRÉS


 LUNA AZUL EDICIONES

Alguien a quien respeto me aconsejó una vez que no invirtiera toda mi vida en trabajar y, menos aún, en una carrera desenfrenada por el dinero. Que no dejara de hacer cosas que me dieran placer y gratificación, por priorizar actividades lucrativas. El consejo tenía un respaldo sólido. Me lo dio un sexagenario que desempeñó cargos de mucha relevancia en su juventud y que hoy tiene un nombre que inspira respeto. Él mismo alguna vez me confesó que a sus 30 años creía que al llegar a la vejez iba a estar retirado en alguna playa echándose aire con billetes de 100 euros.

Admiro la capacidad para sobrellevar el estrés de los atletas de alto rendimiento. A lo largo de una temporada, un futbolista puede atravesar meses cruciales, de una tensión ridícula, ¿cómo hace para funcionar en su día a día? La respuesta la conseguiremos si pensamos en cómo hemos vivido en Venezuela en los últimos años. Excluyo de esta idea a quiénes tengan que comer de la basura y a los que teman ser apresados por corrupción. Los que estamos en el medio de eso, ¿cómo vivimos entre tanta zozobra?

Hay que estar alerta, sin duda. Tal como un deportista cuando sale a competir. Hace poco me conseguí a un amigo que estudia Ingeniería en la UCV. Lo noté relajado, todo lo contrario a lo que fue su actitud en los primeros semestres. “Uno se acostumbra a esa presión”, dijo, quitándole importancia al asunto. “Con el tiempo, ya sabes que al final lo más probable es que todo encaje. La clave es siempre estar cagado”, agregó, con una sonrisa entre pícara y cansina.

En la segunda mitad del 2016, tuve la agenda laboral más llena que he tenido hasta ahora. Y, a pesar de que aún vivo ocupado, he procurado en este 2017 tener algún tiempito más para el ocio. Aunque, lo confieso, me cuesta salir del estrés competitivo a veces. Ese estado que no tiene nada que ver con la preocupación, pero que te mantiene tenso, alerta: listo para dar lo mejor de ti, bajo presión, en un área específica.

Entonces, recuerdo el consejo del que hablé en el primer párrafo.

LUNA AZUL EDICIONESRafael Nadal, en su libro escrito junto a John Carlin, describe el nivel de tensión bajo el que ha sido preparado desde que tenía siete años. Un nivel que adquiere otras proporciones cuando se acerca un Grand Slam, por ejemplo. Rafa ha dedicado su vida al tenis, pero no se desvía: asume su pasión como un trabajo más. Cuando puede, se permite salir de fiesta, pasea y disfruta de los beneficios granjeados en la cancha. Ser tenista profesional, asegura, es un trabajo como cualquier otro: también satura y cansa, de vez en cuando. Y no tendría mucho sentido, afirma, abocarse totalmente a él descuidando otras cosas. Si no está contento y satisfecho en su vida privada, le costará rendir en la pista.

Me recuerda a Stephen King en Mientras escribo, quien asegura que el consejo más importante que puede dar es que se escribe para vivir, no se vive para escribir. ¡Lo dice un tipo con 74 libros publicados!

La trampa de no solo vivir con tu pasión, sino de tu pasión –como dice Pep Guardiola–, es que puede absorberte por completo. En el arte los ejemplos se multiplican. La tragedia de aquellos que al principio necesitaban de, digamos, la pintura para conectarse con el mundo. Y, luego de un proceso de autodestrucción, es la pintura la que los aísla del mundo.

En el sendero hacia eso que algunos llaman éxito, uno de los aprendizajes más importantes puede ser el de ponerle pausa al estrés.
LUNA AZUL EDICIONES