jueves, 8 de diciembre de 2016

VENDRÁN OTROS TIEMPOS

LUNA AZUL EDICIONES

COLUMNA: SENDEROS DEL ÉXITO

Por Lizandro Samuel (@LizandroSamuel)

Nos acercamos al final del 2017, parece que el 2016 acelera cada vez más sus pasos para partir. En un momento oportuno para la reflexión, Lizandro nos ofrece este artículo que es un llamado a meditar para actuar. Si deseas recibir nuestros artículos en tu correo electrónico, suscríbete en el siguiente botón:



Por estos días me he encontrado leyendo varias cosas de Mario Benedetti. A lo largo del año, he ido paseando por una compilación de todos sus cuentos. Desde hace unas semanas, empecé con una recopilación de la mayor parte de sus poemarios. Benedetti es uno de esos escritores con quienes tuve contacto desde niño. Aunque nunca he sido un gran lector de poesía, recuerdo que más o menos a los nueve años subí al cuarto de una prima y vi, pegado en un corcho que guindaba de su pared, No te salves. Me quedé viéndolo como si yo fuese un minero que buscaba un mineral opaco y me hubiese encontrado con una brillante pepita de oro.

Hace días, se llevó a cabo la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, una de las más importantes del continente. Hasta donde sé, hubo al menos dos venezolanos invitados: Enza García Arreaza y Héctor Luis González. Para un país, como Venezuela, cuya industria editorial apenas puede imprimir un puñado de títulos al año, debido a la escasez de papel, cualquier contacto con eventos internacionales es un logro importante. Más si se trata de una Feria en la que participan algunos de los mejores autores del mundo, que transmite sus eventos en streaming y que mantiene constantes flashes sobre los rostros de los escritores invitados.

En 1973 Mario Benedetti abandonó Uruguay y partió al exilio en Argentina. En total, pasaría diez años lejos de su esposa, quien permaneció en su país cuidando a las madres de ambos. Cuando retornó, en 1983, las huellas de la distancia forzada se acumulaban en su cuerpo y en su obra. Nada pareciera haberlo marcado tanto como las consecuencias de la dictadura. Tanto su narrativa como sus poemas abordan diferentes experiencias que se enmarcan en la vida de un exiliado, perseguido o/y reprimido. Benedetti fue un escritor brillante, cuya obra resplandeció con mayor fuerza gracias al fulgor de sus desgracias.

Para no arriesgarse, para no triunfar, para la inanición, las excusas sobran. Y la Venezuela contemporánea pone incluso las más inverosímiles a la mano. Todo tiempo pasado fue mejor, dicen los pesimistas. Vendrán tiempos mejores, repiten los optimistas. Habrá tiempos diferentes, se encogen de hombros los realistas. ¿Uno escoge en qué época vivir?, ¿en qué familia?, ¿con qué posición económica? Hasta que se demuestre lo contrario, diré que no. En donde uno sí va a tener influencia será en lo que suceda después. Enterarse de las novedades editoriales del mundo, mientras se vive en un país como Venezuela, puede resultar frustrante. Ver por Internet tantos eventos tan ricos que nos quedan tan lejos, en cuanto a posibilidades, son cachetadas para el ánimo. Y pensar en lo agradable que debería haber sido nacer en países con una industria editorial más robusta y estable es tan tentador como inútil. La FIL de Guadalajara, hoy día, vive a años luz de la mejor de las ferias que se pueda organizar en la maltratada Venezuela.

Benedetti, como tantos otros artistas, utilizó sus desgracias para pulir sus creaciones. En su caso, más que una decisión consciente pareciera que su espíritu se encargó de hacerle saber que no tenía más remedio. Quizá crear se trate de eso: de usar lo que se tiene a la mano para expresarse. Y aunque algunos tienen una vida con condiciones más favorables para dedicarse a su pasión, otros poseen la constancia y el talento suficientes para trascender e imponerse a cada una de las formas que adquieran las adversidades. El gran Benedetti, traducido a más de 20 idiomas, es el mismo chico que no pudo completar los estudios secundarios por problemas económicos. Desde los 14 años, al futuro poeta le tocaría conocer la dureza de una empresa de repuestos para carros.


Vendrán otros tiempos, no hay dudas. Es obvio: lo único constante es el cambio. Mejores o peores, pero habrá situaciones diferentes. Y, como ahorita, habrá escritores, editores y promotores brillantes y mediocres. Con todas las estaciones que pasan entre ambos extremos. Habrá más o menos librerías, mejores o peores ferias, más o menos intentos de difusión. También, más o menos dinero para repartir. Y, como ahora, habrá excusas –de cualquier tipo– y un puñado de personas que entiende que el verdadero fracaso arranca cuando se empieza a echar demasiada mano de ellas.