jueves, 22 de diciembre de 2016

¿SENDEROS DEL ÉXITO?

LUNA AZUL EDICIONES

COLUMNA: SENDEROS DEL ÉXITO


Por Lizandro Samuel (@LizandroSamuel)
En el día de hoy, Lizandro nos concede un artículo muy interesante. No queremos presentarlo sin antes agradecerle por su constancia, por el esfuerzo que hace para cumplir cada jueves, pues sabemos que tiene compromisos con otros sitios y con su emprendimiento personal. Aunque confiesa cierta alergia hacia el nombre de la columna, sabemos que es un joven de éxito, que ha experimentado las distintas sensaciones que produce el recorrido de este sendero. Sabemos que su columna es seguida por muchos, incluso dentro del equipo de Luna Azul Ediciones, tiene seguidores casi a nivel religioso. Bromeamos un poco. De verdad hemos disfrutado su compañía en el blog, y en el 2017 consolidaremos otros proyectos con él. Esperamos que sigan atentos a la columna, recuerden que pueden suscribirse a las entradas.



Espero no meterme en problemas por lo que diré: no me convence el nombre de esta columna. Senderos del éxito, por Lizandro Samuel. Suena a que yo sé algo de eso que algunos llaman éxito. Y la verdad, no sé nada. Acaso soy como Sócrates: “Yo solo sé que no sé nada”. Y esta semana, la penúltima del año, me encuentro revolviendo emociones y enfrentando angustias. Me encuentro pensando en Venezuela, en su herida sangrante y en la incertidumbre que se raparte en el agua. Cuando hay agua. Me encuentro, también, ponderando logros y fracasos. No porque las festividades de fin de año tengan algún valor para mí. 24 y 31 de diciembre me importan tanto como celebrar el Día de Acción de Gracias, o el Día del Médico, o la conmemoración de cualquiera de las batallas nacionales cuyo nombre siempre olvido. Si pienso en las cosas que ya dije es por los motivos que ya medio asomé: por la incertidumbre y la herida que sangra.

Políticamente, el país se encuentra a la deriva. Las noticias son golpes para el ánimo. La herida, que cada año es más profunda, arde en los días finales del 2016. Y escribir sobre esto es para mí un fracaso. Yo, Lizandro Samuel, el que no quiere saber nada de política, que cree que al mundo le faltan artistas honestos y le sobran (todos los) políticos, el mismo que está harto de que en el país se explote la crisis en los medios y se pierda de foco otras cosas importantes. Pero soy humano. Y tengo amigos y familiares acá. Y, bueno, todo esto también me jode.

Alguien a quien aprecio mucho escribió hace poco que este año subió a varios picos altos. Puedo afirmar lo mismo, a riesgo de sonar pedante. Sí, pese a la crisis y a ese efecto extraño que aún no logran delimitar y que sustantivan como “situación país”, pude hacer cosas divertidas, gratas y agradables en el 2016. Mira, hasta tuve logros importantes, de los que ando orgulloso. Todo eso en medio de una inflación que da escalofríos y que me obligó a cambiar la dieta. Al igual que a tantos venezolanos. Al igual que a tantas personas en el mundo que viven en naciones pobres.

¿Y cuál es el punto? Que estos días he sentido que los mensajes que atestiguan la crisis en Facebook se han multiplicado. Que las personas de mi entorno ya no viven sino sobreviven. Y que, de cierta forma, yo también. Que, como creador, como narrador, quizá contar este periodo sea un deber. O una condena: al conversar con el teclado, ¿cómo escapar de la agresiva cotidianidad? Hay que aprender a pintar con sangre; estoy convencido de eso.

El punto es que me jode que en cada encuentro ya sea imposible no asomar así sea una palabra sobre este caos. Pero también me despierta admiración que muchas de las personas que respeto, en lo personal o/y en lo laboral, estén decididas a salir adelante. No solo a surfear la crisis, sino a ejercer su libre albedrío: trabajando en lo que les gusta, llevando adelante proyectos, invirtiendo en lo que aman. Como nunca antes, también, me he rodeado de gente comprometida con –esa palabra con la que aún tengo cierto conflicto– sus pasiones. Y aunque padecieron el  2016 y no hay motivos concretos ni lógicos para esperar un mejor contexto en el 2017, estas personas no apuestan al país, sino a sus talentos, su tozudez, su formación, sus capacidades. Que es lo mismo que decir: “Me sabe a mierda todo, yo sé lo que puedo lograr”. Y si por naturaleza comulgo con los rebeldes, con ese tipo de rebeldía me llevo mejor aún. Me encanta. La adoro. Es más: la amo. Y la amo tanto como a aquello con lo que estoy comprometido. Que especificarlo no viene al caso.

Cada quien sabe qué es eso que le da sentido a su vida. Sin lo que el suicidio más que una alternativa sería una obligación. Eso que late en su cuerpo cuando se levanta, cuando se acuesta, cuando piensa y fantasea. Eso. Y mantenerlo vivo es negarse a claudicar. Insistir, en lo que uno sabe que es bueno, es hacerse cargo de la tormenta. Hacer del trabajo y del esfuerzo un valor es creer en la vida. Rezarle al talento es inteligencia. Disfrutar de todo lo anterior es, para mí, estar vivo. Si me preguntan, creo que ahí se dibujan los senderos de eso que algunos llaman éxito.

Mis mejores vibras para el 2017. Salud.