jueves, 1 de diciembre de 2016

BUSCANDO INSPIRACIÓN

LUNA AZUL EDICIONES


COLUMNA SENDEROS DEL ÉXITO

Por Lizandro Samuel (@LizandroSamuel).

Mucho se dice de la inspiración, algunos la buscan y otros la esperan. En el artículo de hoy, Lizandro habla un poco al respecto, esperamos que puedan vislumbrar diversas perspectivas.


No sé si la anécdota es cierta, pero una vez el fallecido Carlos Noguera me contó que Pablo Picasso habló sobre un mito común entre artistas: “¿La inspiración? No la conozco, pero si me busca me va encontrar trabajando”. Como hijo de la cultura del esfuerzo que soy, me cuesta, a veces, entender esos supuestos rayos místicos que algunos esperan que les lleguen antes de sentarse trabajar. Cuando decidí tomarme la escritura en serio, una de las primeras cosas que deseché fue la idea de que mi producción debía depender de la alineación de los planetas. Es verdad, hay momentos en los que todo fluye con mayor sencillez y en los que las ideas llueven como en cualquier tarde londinense, pero esto, me parece, es acaso producto de un estilo de vida.

Dice el escritor Salvador Fleján: “Hoy en día, el dinero es mi principal musa. Cuando mis editores en el semanario Quinto Día me apuran por el contenido, por el cual recibiré un emolumento que me permitirá sobrevivir una quincena más, mis musas se activan en modo ¡Shazan!”

Si crear deja de ser ocio, y más si hay dinero involucrado, los padecimientos existencialistas que aquejan a los artistas simulados en las películas románticas se evaporan. Toda forma de creación, me parece, es un oficio. Y como tal demanda disciplina. El escritor suele nutrirse de libros –ensayo, poesía, narrativa de ficción y no ficción–, del cine, la música, los periódicos, el acontecer diario, la pintura, el anime, el cómic y siga agregando las formas de expresión de su preferencia. De ellas extrae alimento para sus obsesiones. En un acto que en un principio es inconsciente y que, luego, pasa a hacerse consciente, empieza a construir el infinito rompecabezas de sus intereses. Del estímulo diario y de la constancia frente al teclado surge eso que muchos llaman inspiración.

Pero hay un monstruo, cuya existencia incluso ha sido comprobada por varios genios, que espera en la cotidianidad. No todos lo han visto, aunque sin duda han escuchado de él: el síndrome de la página en blanco. Esa hoja que pareciera repeler las palabras. Una superficie sobre la que resbalan oraciones y ante la que se imaginan burlas. Se trata, quizá, de una forma de insatisfacción, de miedo, de enfrentamiento con las limitaciones propias. Es un obstáculo. Uno más que, como cualquier otro, aparece para poner a prueba las verdaderas capacidades del creador.

Lorenzo Buenaventura, afamado preparador físico, explica: “Se trata de competir bien, cuando no estás bien”. Así de claro. Porque casi nunca se tendrá el clima adecuado, la disposición anímica ideal, la tranquilidad necesaria, largas horas a disposición y –de paso– se sentirá eso que algunos llaman inspiración correr por las venas, antes de sentarse a escribir. Como en el más común de los trabajos, hay mejores días que otros. Y como en cualquier ámbito de la vida, progresar tiene más que ver con cómo se gestionan los momentos de menor lucidez que con la forma en la que se goza de los momentos cumbre.

Si la inspiración te visita, más te vale que te consiga trabajando.