jueves, 17 de noviembre de 2016

VARIEDAD DE GUSTOS

LUNA AZUL EDICIONES

COLUMNA: SENDERO DEL ÉXITO


Por Lizandro Samuel (@LizandroSamuel)


En Conversaciones con Woody Allen, libro de Eric Lax, el cineasta de preferencias que pocas veces coinciden con las tendencias populares afirma que es imposible determinar qué película es la mejor de la historia o de equis época. Según él, acaso se puede decir qué film le gusta más a uno.
El libro es el resultado de alrededor de tres décadas de conversaciones entre Lax y Woody. No es de extrañar, por consecuencia, que a lo largo del mismo se expresen opiniones contradictorias del artista. No solo su visión del mundo, el cine y la vida, cambia; sino, también, sus gustos. Es que de bebés la leche materna nos parece la gloria, en la niñez sentimos que el jugo de naranja es una llave al paraíso, como adolescentes creemos que la adultez sabe a cerveza y luego aprendemos a disfrutar del vino. O ponga cada quien la bebida de su preferencia en cada estación.


Tengo un amigo que es un agitador. Goza encendiendo debates. Hace poco, cervezas de por medio, inició una comprometedora ronda de preguntas: “Para ti, ¿quién es el mejor escritor venezolano de actualidad?” Todos los que estábamos en la mesa leemos como mínimo más de 30 títulos por año y mantenemos una relación estrecha con la literatura. Las respuestas, no obstante, fueron diversas. Y, de una u otra forma, desnudaron nuestros gustos. En un mundo regido por las opiniones de seres emotivos, evaluar es una actividad relacionada con darle criterio a la subjetividad. Nada más.
Debo confesar que hay varios grandes maestros de la literatura con cuyo trabajo no me llevo bien. Me ahorro los nombres para evitar polémicas. Puedo reconocer su genio y admirar sus capacidades, pero no me conecto con sus líneas y, en más de una ocasión, me resultan aburridas.
No faltan los puristas, académicos, o fastidiosos, que quieren imponer sus gustos. Si en una librería afirmas que no disfrutas de tal o cual autor, te ven con furia y en silencio piden misericordia por tu alma. La actitud me parece tan pedante como las listas de libros que abundan en Internet. Esas que titulan: “Libros que toda persona debe leer antes de morir”, “Las mejores novelas del siglo XX”, “Los mejores autores Latinoamericanos de la historia”. Ajá. Que alce la mano quien haya repasado esas listas y no haya sentido que faltó o sobró alguien. Llegar a un consenso absoluto sobre los genios es imposible. Se puede pasar años en debates insulsos. Años en los que, cabe agregar, se estaría desperdiciando una energía que bien podría usarse para disfrutar de otras de las miles de genialidades que ofrece el mundo.
A Woody Allen una vez un productor trató de cambiarle su trabajo. Era uno de estos tipos que siempre andan con estadísticas bajo el brazo y se pavonean afirmando saber lo que le gusta a la gente. Woody, harto de que el tipo se metiera donde no debía, le espetó que había ganado un millón de dólares haciendo las cosas a su modo.
Entre creadores, la honestidad viene determinada por qué tan fiel se puede ser a las preferencias, ideas y creencias propias. Toda forma de rigidez es ridícula, de lo que se trata, quizá, es de tener presente una de las frases del Woody: “Me gusta contar con la aprobación del público, pero no hago películas para obtenerlas”.
La verdad, nadie debería leer, ver cine, oír música, o escoger un sabor de helado por encima del otro, buscando aprobación. Crecer, evolucionar, desarrollarse, son conceptos relacionados con ir descubriéndose uno mismo. Con refinar las preferencias y cuestionarse las cosas que se dan como seguras. Con dudar para encontrar certezas que, bien se sabe, son propensas a quedar holgadas o demasiado ceñidas. En fin, con asumirnos y asumir que nuestros gustos son nuestros gustos y punto. Y aunque los mismos siempre se pueden volver más exigentes, el camino para depurarlos así como no pasa por complacer a las tendencias del momento, tampoco por validar las opiniones de los críticos.