jueves, 3 de noviembre de 2016

SOBRE LAS FÓRMULAS MÁGICAS Y OTROS MITOS

LUNA AZUL EDICIONES

COLUMNA “SENDEROS DEL ÉXITO”


Por Lizandro Samuel (@LizandroSamuel)

Siempre nos preguntamos cómo logran sus metas las personas exitosas, esperamos que detrás de esa historia haya un componente místico y casi dependiente del azar. Cuando la realidad es que detrás de todo eso solo hay una cosa: Esfuerzo. Luna Azul Ediciones los invita a leer la columna de hoy de Lizandro Samuel, y si deseas recibir las actualizaciones a tu bandeja de entrada y no perderte ninguna de sus publicaciones, dale clic aquí:



Las personas oyen lo que quieren oír. Creen más en las fantasías que se pintan sobre la vida ajena que en las respuestas que los ajenos dan sobre sus vidas. La industria, cómo no, también tiene mucha influencia: hace todo lo posible para que la multitud olvide que sus referentes también defecan y se tiran pedos.

Me entra un poquito de júbilo cuando alguien brillante, un ídolo, genio o una persona muy destacada en su área, afirma que sus logros se deben al trabajo. En el fondo, la enseñanza detrás de los que alcanzan una meta es esa: el valor a la cultura del esfuerzo. Y del orden, podría decirse. Porque una cosa es tener la casa llena de cajas con pizzas frías a medio comer, y otra tener la vida llena de proyectos inconclusos. Lo primero es una ofensa a la higiene. Lo segundo, un atentado contra uno mismo.

La capacidad de trabajo de gran parte de los personajes destacados suele ser lo que menos se resalta en su mitología. No es para menos: los gerentes de marketing necesitan vender la idea de que estos genios, mentes brillantes, dioses en el cuerpo de humanos, son seres tan especiales que emularlos resulta imposible. Es mejor apreciarlos y comprar todo lo que tenga que ver con ellos. Pase su tarjeta de crédito por acá y no le preste mucha atención a las confesiones de este iluminado.

Detrás de la parafernalia, abundan hombres y mujeres que se encojen de hombros ante la pregunta de cuál es su fórmula mágica: trabajo, dice la mayoría. Y esta palabra no se refiere solo a una acción mecánica, a pasar el mayor tiempo posible haciendo algo; también pondera la calidad de la actividad. Alcanzar grandes metas no solo depende de las horas invertidas, sino de la eficacia de las acciones hechas.

Es verdad, ¿y cómo negarlo?, que el talento abre puertas. Está ahí para despertar admiración. Pero el talento en estado silvestre está destinado a la clandestinidad. Potenciarlo depende del tiempo que decida invertir el supuesto bendecido. Luego de años de sudar la gota gorda y de llevar una extenuante agenda, así sea mental, lo que antes lucía imposible se vuelve realizable. Oh, sorpresa: cientos de personas aplauden la destreza que parece recién adquirida. Y, si la perseverancia se mantiene, con el tiempo las preguntas mutarán del cómo lo haces al cómo te has mantenido tanto tiempo.

La cultura del esfuerzo venera el trabajo como bien social. ¿De qué otra forma el mundo puede hacerse un lugar más habitable? La genética y el contexto nos bendicen a todos con determinadas cualidades, pero el metal debe enfrentarse durante muchas horas al fuego para transformarse en una admirable joya. Esfuerzo, trabajo, orden, transpiración. Ahí tienes los ingredientes de las formulitas mágicas.




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