jueves, 27 de octubre de 2016

DEYNA CASTELLANOS Y LA IMPORTANCIA DE ROMPER PATRONES

LUNA AZUL EDICIONES

COLUMNA: SENDEROS DEL ÉXITO


Por Lizandro Samuel (@LizandroSamuel)

Tomando a una de las chicas más prominentes de esta generación, Lizandro Samuel ilustra un tema fundamental para todo emprendedor. No queremos destacarlo, preferimos que seas tú quien encuentre la aguja en el pajar. Luna Azul Ediciones te invita a leer esta entrada con la que lograrás entender una clave fundamental para el éxito, esa misma que ha llevado a una selección de fútbol femenino, conformada por adolescentes, a triunfar. 




En Instrumental, James Rhodes cuenta cómo se propuso darle un giro a la manera de difundir la música clásica. Sin escatimar groserías, critica a los dinosaurios que quieren otorgarle un matiz elitista y exclusivo a Beethoven. Una de las frases con la que justifica las estrategias de marketing que usa es “dicen que todas las buenas ideas empiezan siendo una blasfemia”.

Deyna Castellanos se ha convertido en un símbolo social muy importante en Venezuela. Una mujer jugando fútbol en la tierra de Alicia Machado y Diosa Canales es un desafío a la imagen que tiene el país de la feminidad. Porque Deyna es femenina: sus fans destacan su atractivo y en las entrevistas queda claro que meter goles de media cancha no le impide usar tacones.

El machismo existe en Venezuela. Está lejos de morir. El eslogan turístico que asegura que acá viven “las mujeres más hermosas del mundo” parece un premio de consolación más que un motivo de orgullo. Nos enseñaron desde la cuna que a las chicas primero hay que verlas y luego oírlas. Si a través de la vista no generan un inmediato agrado, conviene no perder el tiempo con ellas. Los éxitos de las selecciones femeninas vapulean esa forma de proceder. No hay que ser una miss ni operarse los senos para llamar la atención.

También está eso de que el fútbol es de hombres. Y ni hablar de ver a una chica diciendo groserías en la grada. ¡Qué horror! Los padres tiemblan ante la posibilidad de que su princesa quiera patear balones. Creen que sus gustos deportivos condicionan su identidad u orientación sexual. Chicas de la misma generación que Deyna enfrentaron esos prejuicios. Ella misma se plantó frente a su padre, quien no quería que continuara jugando. ¿Qué opinará dicho señor viendo a su hija volverse figura de un país que mendiga éxitos?

El deporte es una forma de explicar la sociedad. Adolescentes de 17 años están enviando un mensaje fuerte. No se trata de goles ni campeonatos, sino de ver triunfar a chicas que unidas vencen la miseria deportiva en la que se desenvuelven y meten a 40 mil personas en un estadio. Las jóvenes que desafían las fallas estructurales y los prejuicios machistas cosechan logros con trascendencia social.

A principios de siglo, plantearse este escenario habría significado una blasfemia. Casi tan grande como proponerse vivir de la escritura, todavía una especie de tema tabú con tintes utópicos. Esto último, la verdad, no es imposible y hay autores locales que lo han logrado. Las ideas que rompen con el molde o con las estructuras conocidas encuentran detractores. El cambio puede causar pavor, aunque luego se mire al pasado y no se entienda cómo lo que hoy se acepta antes era censurado. Aquel que se atreve a hacer lo “prohibido” es tildado de loco. Si tiene éxito, con frecuencia la historia decide ponderarlo como un genio.


“Esos son los locos, los incomprendidos, los rebeldes, los problemáticos, las estacas redondas en los huecos cuadrados, los que ven las cosas de otro modo. No están sujetos a las reglas y no respetan el status quo. Puedes citarlos, estar en desacuerdo con ellos, glorificarlos o maldecirlos, pero lo único que no puedes hacer es ignorarlos, porque cambiaron las cosas. Impulsaron al género humano a avanzar y aunque algunos puedan verlos como locos, nosotros vemos genios, porque solo quienes están tan locos como para pensar que pueden cambiar el mundo son capaces de cambiarlo de verdad”, dijo Steve Jobs.