jueves, 13 de octubre de 2016

ASIMILAR LAS REGLAS

LUNA AZUL EDICIONES

COLUMNA: SENDEROS DEL ÉXITO


Por Lizandro Samuel (@LizandroSamuel)

En el día de hoy Lizandro Samuel nos invita a una reflexión necesaria para todo aquel que desea dar a conocer su talento. Probablemente has pensado que si quieres ser escritor, es suficiente con aprender a narrar. Después de leer este artículo, tal vez puedas adoptar otra perspectiva, con toda seguridad resultará en beneficio para tu carrera. Te invitamos a suscribirte para recibir nuestras entradas en tu correo.



Amenaza típica de un matón: “Desearás no haber nacido”. Esas palabras bien podrían ser pronunciadas cada día por una personificación del mundo. Estarían dirigidas a quienes en él hacemos vida. ¿Quién no ha pensado alguna vez que no haber nacido le habría ahorrado tantos problemas? El asunto es el siguiente: desear la no-existencia es disímil a querer morir. El mundo está jodido, me parece. Dudo que eso cambie de aquí a cien años. Surge la pregunta: ¿cómo ser feliz? Una vez puestos sobre el caos, la única opción que garantiza pasarla bien se resume en lo siguiente: hay que resolver.

Al planear un día de campo, las personas sufren por el clima. “¿Por qué justo hoy tenía que llover?”, es la queja. ¿Cómo internalizar que la Tierra no gira en función a los caprichos de una persona? Entender las reglas que rigen nuestra realidad lleva algo de tiempo. Asumirlas, un poco más. No se trata de si nos gusta o no la lluvia. El asunto es que ahí está. Si todavía quieres disfrutar el día, más te vale aprender a saltar charcos.

El tema viene apropósito de varias conversaciones con amigos. Como si fuese Anakin Skywalke, me vi defendiendo el marketing. Hace un año, en un taller de promoción y prensa editorial, confesé que tenía una relación amor/odio con esta forma de difusión. Creo que se puede usar para posicionar contenido honesto, aunque la mayoría de las veces hace que un puñado de buenos vendedores estafe al público. Quienes de verdad tienen talento para escribir, actuar, cantar o lo que sea, creo que también deben saber venderse si no quieren que falsos gurús dominen el mercado a punta de lugares comunes.
Eso último se lo expresé a dos amigos. La queja de ellos era la siguiente: ¿cómo es posible que personas que supieran posicionar su imagen pudieran adquirir más fama y dinero que otros artistas de verdad talentosos? El comentario también servía para depreciar a los generadores de blockbusters (Si se me permite ampliar el sentido de la palabra) en literatura, cine y música. Fue ahí cuando me pasé al lado oscuro de la Fuerza. Subestimar a quienes consumen ese contenido es una cosa, pero subestimar a quienes lo producen me parece ingenuo. Aunque no sean artistas genuinos y carezcan de talento, tienen una gran inteligencia para vender. También se han esforzado para estar en donde están, así sea estafando a los consumidores mediante un cumulo de clichés. Hay que fijarse en ellos.

Una amiga escuchó hablar, hace tiempo, al Chapo Guzmán. Le sorprendió que un hombre tan limitado para expresarse pudiera estar al frente de una organización tan peligrosa y multimillonaria. “Pura suerte”, dijo con desdén. Esa clase de comentarios, me parece, facilitan que el mundo sea dominado por personas como el Chapo. Lo siento: no creo en las casualidades y menos en la suerte. Que el tipo sea analfabeta funcional no implica que no tenga ascendencia grupal o que no sea un gran estratega. La inteligencia tiene muchas formas, no solo de diploma académico. Así como hay grandes empresarios que jamás entenderán un cuento de Cortázar, hay doctores que no saben cómo posicionar su trabajo en el mercado y –por ende– no ganan lo que deberían. Saber hacer dinero demanda una preparación aparte.

“¿Eso quiere decir que es más importante saber venderse que tener talento?”, me preguntó alguien. Depende de cómo se vea. Pitbull lo declaró una vez: no es músico ni artista, solo un mercenario de la industria musical. Gracias a su astucia, constancia e inteligencia, se hizo millonario y tiene una alta calidad de vida. Gana premios insulsos y es invitado a grandes festivales. Pero sus canciones no inspiran, no se conectan realmente con las personas, serán olvidadas dentro de cinco años y su nombre no persistirá en los gustos musicales de las siguientes generaciones.

Gustavo Cerati también supo venderse. Pero Cerati es, sin duda, uno de los más grandes artistas de su generación. Siendo un creador honesto, alcanzó la cúspide: sus letras le cambiaron la vida a algunas personas, inspiraron un sinfín de producciones y muchos años después de su partida la expresión Ciudad de la furia se instaló en la cultura latinoamericana.

Si Cerati no se hubiese sabido vender, o no lo hubiesen sabido vender, el mundo se habría privado de su genialidad. O alguien hubiese tomado sus creaciones para difundirlas posterior a su muerte. Esa persona se hubiese hecho millonaria a costa de darle a Gustavo un merecido reconocimiento luego de que el artista muriera de hambre. Revisen la historia de Franz Kafka.

Es mucho más difícil lo logrado por Cerati que lo hecho por Pitbull. Para este último, de hecho, resultaría imposible igualar lo alcanzado por el argentino.

La vida no es tan injusta.
O sí, ¿pero cómo hacemos?

Una vez en el mundo, las reglas del juego quedan más o menos claras. Se puede estar o no de acuerdo, pero molestarse porque llueve es tan productivo como lamentar haber nacido en un barrio pobre y no en una familia millonaria. Y una de las formas más arrogantes de caer en esta improductividad es la seudointelectual: “¿Cómo es que aquel que no sabe ni leer gana más dinero que yo o fulanito que tenemos demasiado talento y ocho doctorados?” Si se le da la vuelta a la moneada, la pregunta invita a la humildad: “¿Cómo es que aquel que no tiene tus recursos aprendió de forma autodidacta a hacer dinero y tú no has podido?”


El marketing, la difusión y la venta, pueden hacerse con honestidad; sin pretender timar el público ni priorizando banalidades por encima de genuinas creaciones. La Fuerza está ahí para aprender a usarla. Se puede estar del lado oscuro o del más luminoso, pero si se quiere tener éxito es importante dominarla.