jueves, 4 de agosto de 2016

LA CALIDAD DEL TRABAJO NO CUMPLE AÑO

LUNA AZUL EDICIONES

COLUMNA: SENDEROS DEL ÉXITO

Por Lizandro Samuel (@LizandroSamuel)

En todos los ámbitos de nuestra vida somos medidos por la edad para determinar el grado de experiencia y madurez para enfrentar las cosas, desestimando la posibilidad de que un individuo sea, de forma natural, una persona con un alto compromiso ético y profesional. En Luna Azul Ediciones consideramos que la edad no es un factor determinante para el éxito, joven o viejo, estamos de acuerdo que la calidad del trabajo de una persona no se puede medir por la edad. Esperamos que disfruten la lectura de este jueves.


Pero, ¿cuántos años crees que tengo?

No sé. Es que no te ves viejo, pero te oigo hablara y ya no sé.

Ivanna, a quien conocí en un ambiente literario, insistía en ponerle un número a su apreciación sobre mí. Los juicios, en esta sociedad, se condicionan por cifras más que por acciones. Basta que alguien diga que tenga 20 para que se cree una matriz de opinión distinta a si hubiese dicho que tenía 30. Como esos partidos en los que un equipo o deportista pierde en el último minuto y, por una cuestión de azar, ante los ojos del mundo el atleta deja de ser el mejor para convertirse en un fracasado.

Le hemos puesto demasiadas cadenas al éxito.

Sería divertido decirle al Wolfgangus Amadeus Mozart de cinco años que no compusiese música, que él estaba muy joven para eso, qué va, mejor que se entretuviera con cosas de niños y pensara en composiciones cuando tuviera más edad. O haber mandado a un geriátrico a José Saramago cuando, a sus 40 años, decidió hacer de la escritura su medio de vida.

Dice la leyenda que a Juanma Lillo, teniendo 15 años, su entrenador le dijo que le tenía dos noticias. La primera, que no podía jugar al fútbol, era malísimo. La segunda, que poseía ascendencia grupal, sus compañeros lo escuchaban. A los 16 años ya era el entrenador de un conjunto de su barrio. A los 26 era DT profesional. A los 29 se convirtió en el entrenador más joven en debutar en la primera división de España. Antes había hecho algo casi inédito: cautivar a un César Luis Menotti ya bien entrenado en edad. El Flaco, toda una referencia en la historia del fútbol, estaba deslumbrado por los conocimientos de un Lillo de 22 años que siempre lo acribillaba de preguntas. No en vano uno de los mentores de Pep Guardiola diría años más tarde que “la experiencia es un cúmulo de interrogantes”.

Pero estas historias corren el riesgo de desembocar en una tergiversación de la realidad.
Expuestos a la cultura pop, jóvenes contemporáneos viven ávidos de una temprana fama y fortuna. Los Justin Bieber y Selena Gómez hacen pensar que si a los 20 años no tienes miles de seguidores en Instagram algo estás haciendo mal. En la cultura venezolana eso se suma a la presión social para tomar decisiones trascendentales con prontitud. A los 17 años una adolescente debe decidir qué hacer el resto de su vida, pero su mamá duda de si debe dejarla ir a sola a la playa con su novio. En medio de esa dicotomía, un digito se convierte en una forma de las estadísticas que, como bien dijo Lillo, “son como las tangas: muestran todo menos lo que realmente importa”.

El desarrollo humano, ajeno a los estereotipos que cada quien construye en su cabeza, está marcado por la exploración y libertad de decisiones que emprende un individuo. Esas cosas –y, a veces, unas cualidades naturales– forjan el carácter. Alberto, llamémosle así, es un chico de 14 años que quiere jugar al fútbol profesional. Ya ha entrenado con la Vinotinto sub 16 y tiene una ascendencia grupal, responsabilidad, compromiso, disciplina y capacidad para dar la cara en situaciones difíciles que se presta a resolver sin miedo, que a mí me ha costado conseguir en hombres de 40 años casados y con hijos, incapaces de decidirse entre una amante y su esposa. O de velar por su descendencia.

El mundo y la vida son complejas. Si alguien cree que sabe algo sobre ambas, que, por favor, me explique cómo solucionar de forma pacífica el conflicto armado en Siria. Si no tiene respuestas a lo anterior, es mejor que observe, que preste atención a cómo se desenvuelven los seres humanos, a cómo todo cambia cada segundo y los prejuicios apenas da tiempo de procesarlos antes de que se encuentren argumentos que los cuestionen. En una sociedad en la que pocas veces se ve a los ojos, necesitamos de un dígito para construirnos una idea sobre la otra persona.

Ivanna, al final, averiguó mi edad. Lo hizo cuando se dio cuenta de que la calidad del trabajo no cumple años.



Esperamos que la columna de este jueves les permita encontrar el empuje final para lanzarse al camino del éxito, tomando en cuenta que nunca se es demasiado joven o viejo para demostrar tu talento. Si este son las letras, Luna Azul Ediciones  ofrece servicios editoriales para que tu obra tenga la calidad que buscas para su publicación, también tenemos una serie de paquetes y promociones que te ayudarán a potenciar tus negocios y alcanzar tu éxito. Si deseas conocerlos, dale clic aquí:



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