jueves, 21 de julio de 2016

LA FALSA ENERGÍA

 LUNA AZUL EDICIONES

COLUMNA: SENDEROS DEL ÉXITO


Por Lizandro Samuel (@LizandroSamuel)

            Una vez más, Lizandro Samuel nos sorprende con un artículo que llega al alma. Si eres emprendedor o escritor, o escritor emprendedor, o emprendedor escritor (entendiendo que cada forma implica claves excepcionales) este artículo es para ti. En Luna Azul Ediciones queremos ayudarte a lograr tus objetivos, y a hacerlo con excelencia, por eso ponemos a disposición este espacio para que jóvenes talentosos como el autor del artículo puedan guiarte según sus experiencias y reflexiones. También ponemos a tu disposición nuestros servicios editoriales ideales para todo tipo de emprendimiento.

“El éxito nunca está antes que el esfuerzo, ni siquiera en el diccionario”, Quique Wolf.

 Una de las imágenes que más marcó mi infancia la vi en Slam Dunk. La comiquita narra los altibajos de un equipo de baloncesto. En uno de los últimos episodios, los protagonistas disputan una de esas finales con las que todos sueñan y casi nadie llega a jugar. Ganan. Una chica entra al vestuario luego del partido para felicitarlos. El momento es de lo más conmovedor: todos están acostados durmiendo, sin siquiera haberse duchado. A eso sabe el éxito.

Series como Dragon Ball, Caballeros del Zodiaco, Samurai X o Súper Campeones, tenían escenas similares. En ellas era natural ver a un personaje llevarse al límite antes de cruzar la meta. Una vez logrado el objetivo, desfallecía, dejando en evidencia que la motivación –fe, adrenalina, convicción, amor propio, orgullo o como lo quieran llamar– lo mantuvo en pie mientras su físico rozaba el desmayo o la muerte. Varias veces he escuchado que el dolor es mental. A veces, la energía también.

Un ejercicio didáctico me lo mostró un querido amigo coach, terapeuta y psicólogo. Una persona, con los dos pies bien plantados hacia el frente, gira su torso lo más que pueda hacia atrás. Simulando una pistola con la mano, fija un punto, el más a su izquierda –si decidió girar hacia su izquierda– que le sea posible. A continuación vuelve su cuerpo hacia adelante, cierra los ojos, vuelve a apuntar con su pistola-mano y emprende el giro de torso otra vez. La idea es que cuando abra los ojos esté en el punto que fijó con anterioridad. Sorpresa. Nueve de cada diez participantes se dan cuenta de que su verdadero límite estaba más allá: podían girar su torso mucho más de lo que creyeron en un primer momento.
            
El deporte, me parece, es un elemento indispensable en la formación humana. En su versión profesional, ofrece historias dignas de Héctor y Aquileo. Una sociedad ávida de brillo, que consuela sus fracasos proyectando ilusiones en terceros, admira las medallas que se cuelga un atleta, o los logros de un artista, pero no suele fijarse en lo más impactante: el camino hacia la meta.
            
Michael Phelps, el nadador que tiene el récord de ser el atleta con más medallas de oro olímpicas (18), entre 1998 y 2004 solo dejó de entrenar cinco días. Nadaba 80 kilómetros diarios; es decir, hacía cinco horas de entrenamiento. No volvió a parar hasta después de los Juegos Olímpicos Pekín 2008, en los que saltó a la fama tras lograr ocho medallas de oro. Revisar lo estricta que era su dieta de siete mil calorías diarias haría palidecer a más de uno. Phelps es un tipo con un talento inmenso. Pero la enseñanza acá es otra: la próxima vez que quieras saber por qué no lograste una meta, pregúntate si trabajaste tanto como Michael Phelps.
            
He visto personas con un talento enorme sucumbir ante la desidia. He comprobado que la voluntad es incluso más escasa que ciertas habilidades. Y me he quedado atónito al ver a quienes respetaba –o incluso admiraba– no explotar su potencial en detrimento de tomarse unas cervezas con los panas. El éxito, sea lo que sea que eso signifique, no es algo que le pasa a unos pocos afortunados: es lo que cosechan aquellos que están dispuestos a pagar el precio.
            
Eric Thomas es un motivador que usa una arenga simple: cuando lo quieras tanto como respirar, podrás lograrlo. La frase resulta de la siguiente parábola: un hombre anhela el éxito. Un gurú lo lleva a la playa, lo mete bajo el agua hasta que está a punto de ahogarlo y al sacarlo le pregunta en qué pensaba. “En respirar”, responde el aprendiz. “Bueno, cuando quieras el éxito tanto como respirar, podrás alcanzarlo”.

Me aburren los vendedores de felicidad. Aunque lo quieras con todas tus fuerzas y entregues tu vida a cambio, no hay garantías de que cumplas el objetivo. Y aunque lo logres, conviene estar atento a las consecuencias colaterales. El compromiso de Tiger Wood con el golf lo convirtió en uno de los deportistas más importantes de la historia. Esa misma entrega hizo que la coraza que se construyera afectara su vida personal. Recurrió a deportes extremos, como hobbies, para recordar que estaba vivo. Puso en peligro su vida y, luego, su matrimonio: su adicción al sexo resultó lógica en medio de la rutina de obsesivas privaciones que llevaba.

Más que la ansiedad por una medalla, el motor de vida, creo, debe ser otro.

Todos los caminos llevan a la muerte es el título de la nota con la que debuté en este espacio. Ahí, apoyándome en Steve Jobs y Pepe Guardiola, resalté lo importante que era para mí encontrar las cosas que más nos mueven, que más nos interesan, y comprometerse con ellas. A Guardiola el fútbol pareciera darle mucho más que lo que el entorno viciado ligado a ese deporte le quita. A Jobs le sucedió lo mismo en su carrera. Si Woody Allen realiza una película por año es porque lo necesita en el fondo de su ser, no porque ande buscando premios, fama y dinero. Por el contrario, desdeña de ese mundo de flashes.

Mark Oliver Everett halló en la música la razón para no suicidarse. Gustavo Cerati solo encontraba plenitud mientras creaba. Y el ahora millonario Stephen King, quien sobrevivió a las drogas y a un mal conductor, solo ha mantenido una costumbre en su vida adulta: rutinas de escritura de cinco mil palabras por día.

Los ejemplos son demasiados para ignorarlos. En la película Ray, inspirada en la vida de Ray Charles, Della Bea Robinson le dice a su marido, el mítico artista, que solo hay algo que realmente le importa, mucho más que sus mujeres, sus bienes materiales, sus hijos y ella: la música; y la droga podía quitársela. Al asimilar esto, Ray encontró las fuerzas para rehabilitarse de la heroína.

Hay domingos en la mañana en los que siento pereza de cambiar un bombillo. Pero he tenido semanas en las que he dormido 30 horas en siete días y de algún modo he podido trasnocharme una noche más para trabajar. Entre riesgos de salud y errores tontos de por medio, una falsa energía aparece para mover un cuerpo al borde del desmayo. Es que hay cosas que son tan importantes como respirar.

Esto ha sido todo por hoy en Senderos del éxito, así que recuerda: no se llega al éxito por casualidad. Hay que esforzarse, y eso también supone invertir en servicios que te permitan perfeccionar tu producto y los medios para promocionarlos. Nuestro servicio de redacción y servicios de diseño, son ideales para ti. Si tienes alguna duda, pincha abajo y comunícate con nosotros.