domingo, 10 de julio de 2016

ESE FETICHE DE QUERER SER INMORTALES (I)

LUNA AZUL EDICIONES

COLUMNA: INQUITUDES, CON RICHARD SABOGAL


Desde su sitial de editor, Richard Sabogal aborda una de las grandes inquietudes de todo escritor, rozando la situación del país en relación a la literatura y los actores que intervienen en ella. Luna Azul Ediciones hace eco de sus palabras:

Me comentó en días pasados el poeta José Miguel Navas, Comunity Manager y periodista de la editorial Negro Sobre Blanco en el interior del país, que una escritora trujillana, amiga en común, le confesó que nuestra editorial estaba marcando una considerable huella en la literatura venezolana porque nos manteníamos activos, publicando sin parar en un momento clave en el que las editoriales locales están cerrando o reestructurando su manera de publicar.

Esto se lo decía a propósito de los premios de Autores Inéditos de Monte Ávila Editores, donde a los escritores ganadores de dos años consecutivos solo les fue entregado un libro prueba y con eso hicieron una presentación en el marco del Festival Mundial de Poesía, causando indignación entre algunos autores y público en general que queríamos adquirir ejemplares. A eso hay que agregar que un poeta de ese lote, autor de nuestra casa editorial por ser ganador en 2015 con una novela en concurso literario que organizamos, me detallaba la serie de errores del libro, desde la  portada, la tripa y detalles de gran calibre en su contenido, es decir, la carencia de un corrector.

Me sorprendió esto de una editorial de esa trayectoria, tales acciones las he visto en algunos charlatanes que imprimen textos con una editorial que no tiene ni registro en el Cenal, pero jamás lo esperé de Monte Ávila, porque este sello fue la cumbre en los noventa, todo poeta o escritor que se respetara en la última década del siglo XX, era editado, primero por Fundarte, primer paso para quien iba por buen camino, y un gran logro Monte Ávila. No era fácil llegar y estar allí significaba un prestigio, por eso me entristece, enoja e indigna la cañería por la que se han ido las editoriales del gobierno.

Conversaba con el poeta José Miguel Navas sobre el tema y me comentaba su opinión personal sobre la editorial El perro y la rana, la idea en sí es muy buena, es un gran proyecto editorial, muchos noveles vieron por fin sus textos hechos libro, si uno se pone a detallar hay bastantes trabajos con buenas ediciones, incluso hay libros de lujo con grandes trabajos editoriales, además que a unos precios muy bajos, ridículos tal vez, lo que viene a ser el primer abismo de la editorial, solo egreso y nada de ingreso, la gallina de los huevos de oro le inyecta e inyecta. La idea sería haberla hecho más rentable, o por lo menos con subsidio pero no con libros a dos bolívares, eso no cuesta ni el cigarro que se fuma el chofer que lleva los libros a la librería, además un abandono total de promoción en prensa, el gobierno con el poder comunicacional que tiene hizo poco por promover sus autores, salvo labores respetables como la de Maria Alcira Matute y algunos otros, pero en sí, muchos autores ni siquiera se enteraron que fueron publicados, o lo supieron cuando algún amigo suyo les comunicó que compraron su libro en la Librería del Sur Tal, y no exagero, fue así.

¿A dónde voy con esto? A lo que me dejó José Miguel con su conversación con esta escritora. ¿Dejo un legado histórico desde mi trinchera? ¿Deja un escritor novel talentoso un legado histórico cuando no pertenece a ciertos círculos? No hay ego más grande que el de un escritor, en su ingenuidad piensa que escribirá la gran obra, cambiará la manera de ver la literatura en la lengua hispana y marcará una nueva corriente que llevará por título su apellido (corriente García Marquiana) y similares.  Pero lograr tales méritos amerita dedicar la vida entera a esto, respirar libros, letras, tinta y tal vez nunca publique ni una página, o tal vez publique mucho pero no trascienda lectores más allá de la familia. Como también puede que cale y sea reconocido más allá de las fronteras.

La labor de los libros es una pasión difícil de describir. Se hace porque sí, porque nos da la gana.  ¿Me importa si en un futuro, tal vez cuando muera, ser reconocido como un precursor de la literatura de mi época? Claro, a quién no, pero ahora eso no me interesa, solo quiero hacer libros, llegar a autores, mejorar constantemente y no envidiar a nadie porque si aquel lo hizo, yo puedo hacerlo mejor por otro lado.

Algunos me tildan de “imprimelibros”, lo soy, pero trasciendo a muchos que me lo señalan porque errores que no cometo en la editorial ellos lo cometen en las suyas y los avisos de sus negocios son más grandes y vistosos que los míos, y muchos le siguen sin saber gran cosa, como es común en el humano: seguir lo que está de moda, el  libro del momento, el bestseller que será olvidado en navidad. ¿Es importante lo que hago? Para mí lo es porque me siento vivo y mi sangre son esos autores que edito en el sello y luego los veo prosperando en concursos nacionales e internacionales.

No sé si trascenderé a la historia pero hemos logrado pasos importantes y no solo gracias a nosotros, sino a esos autores que dejan huellas significativas y que en la próxima entrega les compartiré así como les hablaré de lo complejo que es editar en otros países como Colombia, Argentina o Chile.

Namasté


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