jueves, 9 de junio de 2016

TODOS LOS CAMINOS LLEVAN A LA MUERTE

LUNA AZUL EDICIONES, ARTÍCULOS

LUNA AZUL EDICIONES INAUGURA SU COLUMNA “SENDEROS DEL ÉXITO”.

Una columna dirigida a escritores y emprendedores

Por Lizandro Samuel (@LizandroSamuel)

            El mejor consejo que he recibido en mi vida no estaba dirigido directamente a mí y guardaba una paradoja: invitaba a ignorarlo. Tal contradicción solo podía venir de un genio. O de un loco. El entrenador español Josep Guardiola, en una conferencia hecha en Argentina, instó a todos los jóvenes a no hacerle caso a nadie. Ni a sus padres, ni a sus maestros, parejas… ¡a nadie! El consejo, lejos de ser irresponsable, era un canto a la alegría: solo ellos pueden encontrar lo que realmente les apasiona y hacer de eso su motivo para vivir.

Por alguna razón, la sociedad parece encaprichada con censurar cualquier atisbo de identidad individual. No solo te dicen que crezcas, te gradúes de la universidad, consigas un buen trabajo, te cases, tengas hijos, te jubiles y atiendas a los nietos; sino que, de paso, pretende obligarte a que crezcas a su manera, estudies lo que se considera correcto, consigas un trabajo ponderado como decente y te cases con un tipo de persona en específico. La realidad existe para rebatir las creencias.

Uno de los hombres más brillantes de la historia fue un hippy que se aburrió de la universidad y no quiso perder su tiempo en cosas que no le interesaban. Por el contrario, decidió entrar como oyente a algunas clases que le llamaban la atención antes de abandonar totalmente la casa de estudios. Contra todo pronóstico, acabó liderando una de las empresas más grandes del mundo. Y, como para regodear a la ironía, dio uno de sus discursos más importantes durante una graduación en la universidad de Stanford. Miles de estudiantes, hambrientos de que su título les abriera puertas en el mundo, escucharon el discurso de un hombre que lo más cerca que estuvo de graduarse fue estar invitado a ese acto. Steve Jobs fue tan genial como polémico.

            El arte es un oficio que suele ser visto con escepticismo. Todos adoran a los artistas, pero ven con temor que a un hijo suyo le dé por ser músico, o, peor, ¡escritor! Los ejemplos de fracasos sobran. Pero es que los mismos abundan en todos los rubros de la vida. Perder es lo natural. No atreverse a vivir haciendo lo que uno quisiera por miedo al fracaso es como negarse a salir de casa por pavor a morir. Ambas cosas, en algún punto de la vida, son inevitables. No obstante, siguen señalando a los pocos que se atreven a tener una existencia desmarcada de las exigencias sociales. No habrá términos medios: si el éxito llega, recibirán alabanzas; si no, los “yo te lo dije” sobrarán. Cada quien es libre de escoger que hacer con su vida. Y más aún de decidir a quién hacerle caso. Eso sí, por sentido común convendría, cuando menos, prestar atención a los lugares de dónde provienen esos consejos.

Así como el escritor novel se fija en el estilo de los escritores consagrados que admira para tratar de aprehender algunos recursos, en la vida habría que prestarle atención a quienes ocupan el lugar al que nos gustaría llegar. Difícilmente quien pelea todos los días con su esposa sea un buen consejero de parejas. Asimismo, el que no disfrute con toda su alma de su trabajo no estaría capacitado para aconsejar sobre decisiones laborales. Sería como que un manco diera clases prácticas de lanzamiento. Pero, extrañamente, las oraciones más aleccionadoras suelen venir de los más insatisfechos. O de los más charlatanes, pero eso es otra cosa. Quizá porque los verdaderos genios exitosos que viven haciendo lo que aman, y que tienen claro su propósito de vida, están demasiado ocupados siendo ellos mismos como para pretender que los demás los imiten. ¡Menos aún después de fracasar tantas veces! (Revisar las biografías de Guardiola y de Jobs) Es que quienes más triunfan suelen coincidir en que no hay un único camino hacia lo que se denomina éxito.


Si la mayoría de las personas más ricas del mundo no tiene estudios académicos, ¿cómo asegurarle a un joven que si no pasa por la universidad morirá pobre? Si a Albert Einstein un profesor le dijo que sería un don nadie, ¿cómo tomarse tan a pecho las consideraciones de nuestros maestros? En la vida solo hay una cosa segura: la muerte. Y a mí me parece una pérdida de tiempo no caminar hacia allá siendo uno mismo y haciendo lo mejor que se pueda las cosas que realmente nos interesen. “Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para no pensar que tienes algo que perder”, dijo Steve Jobs.