jueves, 16 de junio de 2016

LA FILOSOFÍA DEL GUASÓN

LUNA AZUL EDICIONES

COLUMNA: SENDEROS DEL ÉXITO

Por Lizandro Samuel (@LizandroSamuel)

Esta semana, en la columna Senderos del éxito, Luna Azul Ediciones presenta este texto de Lizandro Samuel en el que toca uno de los aspectos más críticos y delicados del oficio. Para tener éxito es importante la valoración de sí mismo, así que nos sumamos a la voz de Lizandro:

La actuación de Heath Ledger en The Dark Knight, la segunda película de la trilogía sobre Batman hecha por Christopher Nolan, es una de las mejores que he visto. Durante toda mi vida me imaginé al Guasón al que dio vida Ledger. Un personaje tan desbordado por la locura que todas sus acciones son perfectamente coherentes y armoniosas. Movido por la pasión y el amor hacia su trabajo, el payaso asesino sabe que con eso no basta para vivir. Cuando un gánster le pide que mate a Batman, él pone un precio altísimo: “Si eres bueno en algo, jamás lo haces gratis”.

Se trata del mismo personaje que, una vez lograda su misión, incendia millones de dólares, ante el horror de sus contratantes. Ponderar la moralidad de sus acciones es algo que no se hará en esta columna. Acá lo importante es un hombre que disfruta de enfrentarse a Batman (“Nunca te mataré porque eres demasiado divertido”), con consciencia clara de que pese a amar lo que hace debe cobrar –y bien– por ello, y con una meta clara de vida: ver el mundo arder.

La Tierra sería un lugar más agradable si todos fuéramos como el Guasón.

Para no spoilearlos, solo diré que Nolan se regodea en los personajes comprometidos con sus pasiones. The Prestige es uno de los films más alucinantes al respecto. Pero esa inmensa gratificación –y a veces placer– que desencadena dedicarse en cuerpo y alma a lo que siempre se quiso, no debe servir de excusa para permitir abusos laborales. ¿Se imaginan a Maroni pretendiendo obligar a un payaso asesino a que haga encargos gratis para él? Nadie debería sentir pudor por ponerle un precio a su trabajo; al contrario, la vergüenza deberían experimentarla quienes pretenden que alguien escriba de gratis.

En un perfil hecho por Héctor Torres, el escritor Salvador Fleján declaró que esas personas para quienes escribir es algo sabrosísimo seguro que no han tenido que depender de su creatividad para comer cada quincena. El deporte profesional tiene una connotación más lúdica para quienes lo practican luego de un día en la oficina que para quienes viven de ello. Cuando las cosas dejan de ser ocio se convierten en negocio. Placer y gratificación con responsabilidad. Algo que, en el caso del arte, al menos en Venezuela, no pareciera terminar de asumirse. ¿Qué tan irrespetuoso resulta pedirle a un autor una colaboración y ofenderse cuando este le ponga precios a su texto? Traten de decirle a un arquitecto que les diseñe la casa por el mero placer de hacerlo y entenderán a lo que me refiero.

José Tomás Angola alguna vez publicó en Twitter que un escritor es alguien para quien escribir es mucho más difícil que para la mayoría de las personas. La frase se explica en las distinciones que puede tener un autor para evaluar un texto. El arte es expresión, pero también disciplina y rigurosidad. La excelencia se alcanza con sudor. Y el refrán dice que hay que ganarse el pan con el sudor de la frente. Mientras más recompensas haya para quien desarrolla una actividad, mayores probabilidades habrá de que las haga de mejor manera. Regalar el trabajo es escupir sobre el plato que se usa para comer. O peor: sobre el que usa la familia.

Una de las mayores trampas al respecto  se cocina en algunos concursos de escritura. En esos que entre las bases indican que el premio será la publicación. Si la convocatoria corresponde a un texto destinado a salir en un periódico o revista, el truco es más macabro aún: el medio se hace publicidad a sí mismo y resuelve su contenido sin invertir una sola moneda. Díganle a Djokovic que compita solo por un trofeo, sin premio metálico, y luego hablamos.

El dinero, como leí una vez, no da la felicidad; pero la ausencia de dinero sí produce infelicidad. Si quieren que el Guasón mate a su Batman, deben darle, cuando menos, lo necesario para cubrir todas sus necesidad básicas, así como los gastos operativos. El resultado será un payaso maniático dispuesto a incendiar al mundo por el mero gusto al fuego.

Para algunos, el arte está peleado con el dinero. Pablo Picasso dijo que “Un pintor es un hombre que pinta lo que vende. Un artista, en cambio, es un hombre que vende lo que pinta”. El dinero es una de las herramientas principales del creador: es su medio para acceder a la comida que le permitirá a su cuerpo dedicarse a más horas de trabajo. En una sociedad donde casi todo tiene un precio, si uno es bueno en algo jamás lo hace gratis.



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